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04 Mayo 2008 
   Sentía cómo la lluvia le mojaba la cara. Por primera vez (desde que puede recordar), bailó y cantó para sí misma.
   Libertad.
   Lejos de aquello, la felicidad se regalaba.
04 Mayo 2008 
   No importaba que éstos poseyeran la voz, las flores, los astros, las sanaciones, la fe. Aquéllos tenían la fuerza… y la pólvora.

04 Mayo 2008 
   Se arrastraba. Tenía viciada la vista con el polvo de la pólvora y con la tierra levantada por botas conocidas y desconocidas. Su lengua conocía bien el actual sabor de la bilis. La nariz se le había bloqueado por mocos hijos de un frío austral. Hubiera querido tapones en los oídos, para evitar el dolor ajeno. El tacto le rogaba por una mina cuyo homónimo no lo llevaría a la pequeña muerte, sino a la última.

04 Mayo 2008 
   El miedo le seguía respirando en la nuca. Tuvo que agacharse para entrar empujando la puerta suavemente. De repente una mano con un pañuelo blanco sobre su palma se le abalanzó a la cara.
   Se despertó en un ataúd de cristal y sentía cierta hinchazón incómoda entre las piernas. 

   El lacayo fue piadoso, pero estos siete estaban solos… Y eran buenos inventando historias.

04 Mayo 2008 
   Algunos dicen que cuando Jhon la vio tirada en la cama, semidesnuda y tratando de alcanzar el teléfono, arrugó la nariz y la juntó con la pera. Lloró con toda la cara y con lo poco que le quedaba de sinceridad. Se arrepintió de su culpa por esta muerte accidental y por preferirlas rubias.
   Pasó una mano fría y dura por su cara. Respiró profundo. Y empezó a creer en la versión oficial, la del suicidio.

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